Las obras de Misericordia

Julio – Enseñar al que no sabe

" Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena (2 Tim 3,16)”

El hombre recibe las primeras enseñanzas de niño, en el seno de su familia. Allí tiene lugar la formación del carácter de la persona y se adquieren las bases del comportamiento moral: el amor por la libertad y la justicia, por Dios y por el prójimo, por los padres y maestros, así como la capacidad de crecer en la propia dignidad de persona. Donde esto no sucede —por problemas de carácter humano, social, cultural o económico— el hombre cae víctima del pecado, y a veces del abuso de parte de quien se aprovecha de su debilidad. Como sucedió y sigue sucediendo en Sri Lanka, donde miles de jóvenes y niños son víctimas de la prostitución de menores y, en particular, del turismo sexual. La misión de los Salesianos de Don Bosco presente en el país trata de ayudarles a salir de esta esclavitud, enseñándoles el amor por la vida y acompañándoles a descubrir su dignidad como personas. Enseñar significa amaestrar en la fe e indica por tanto una relación entre un maestro y su discípulo. La enseñanza no es tanto una instrucción, sino una experiencia hecha de palabras y de acontecimientos que se han vivido juntos, compartidos entre maestro y discípulo, como hizo Jesús con sus discípulos y hace cada día con cada uno de nosotros. Es importante destacar esta dimensión de vida hecha de intercambio entre maestro y discípulo, sobre todo es fundamental estar con el maestro y caminar con el maestro. Jesús enseña con un lenguaje claro y comprensible, usando historias y ejemplos de la vida diaria, que las personas pueden entender. Ignorar cuál es el significado de nuestra vida; ignorar cuál es el destino que nos espera al final; ignorar si nuestra venida a la existencia tiene un cumplimiento de verdad, son cuestiones decisivas para la orientación de la vida del hombre. ¿Cuál es la verdad que enseña la Iglesia? Dar a conocer al hombre su verdadera identidad y revelarles el amor de Dios manifestado en Jesucristo “el cual, siendo de condición divina… se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres "(Flp 2,6-9). Jesús se hace amigo de quien le sigue.

“Cualquiera puede hacer experiencia de que nadie crece tanto en la ciencia como quien comunica a los demás lo que sabe”  Santo Tomás de Aquino

 

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Junio - Vestir al desnudo

«Cambiaste mi luto en danzas, me desataste el sayal y me has vestido de fiesta» (Sal 30,12)

El hombre, hoy, a menudo se encuentra desnudo. Desnudo ante sus propias debilidades, su pecado y, por tanto, ante Dios; pero también desnudo ante los demás, ante la sociedad que lo juzga. Se encuentra desnudo quien ha perdido su dignidad de persona, porque la pobreza o carecer de un empleo lo han despojado de su esencia. Este hecho es particularmente evidente en las poblaciones afligidas por la guerra, a causa de la cual han debido abandonar todo: su casa, sus familias, su trabajo, para huir de conflictos y persecuciones. Hoy, esta es la desnudez que golpea a miles de emigrantes, que escapan de Oriente Medio y en Oriente Medio, para encontrar una nueva esperanza de vida, quizá planeando regresar a su tierra en el futuro. En Jordania son más de un millón y medio quienes se han visto obligados a abandonar sus casas por la crisis en Siria e Irak: el Santo Padre les quiso regalar una dignidad nueva, “vistiéndolos de nuevo” con la posibilidad de comenzar un nuevo trabajo, para ayudarse a sí mismos y, sobre todo, a sus familias. Se trata del proyecto “Jardín de la Misericordia”, que realizará Caritas Jordania en el Centro de Santa María de la Paz en Amán.

El recorrido del hombre desde su nacimiento hasta la muerte está marcado por su desnudez. En efecto, la vida inicia con una desnudez y termina con una desnudez. En el Antiguo Testamento la desnudez suele referirse a la pérdida de la dignidad humana y, por tanto, al reconocimiento del propio límite existencial. Pero el Señor, Dios misericordioso y rico en piedad, que se preocupa por la criatura hecha a su imagen, procura al hombre y a la mujer túnicas de piel y los vuelve a vestir. Dios los ayuda a cubrir su fragilidad, recordando, con este gesto, que él es Padre y cuida siempre de sus hijos. Las túnicas de piel son imagen de la promesa para un futuro regreso a la dignidad verdadera de hijos de Dios. Vestidos con la túnica de hijos de Dios, también nosotros estamos llamados a vestir al desnudo, a no dar a los pobres los vestidos desusados o pasados de moda, sino lo más bello que poseemos, vistiéndolos con la misma caridad con la que Cristo nos ha vestido a nosotros. Vestir al desnudo, pues, es promover la persona en su integridad.

«¡Cuántas veces he entrevisto a Jesús en los pobres! Debemos tratarlos como a nuestros amos y señores» San Luis Orione

 

Mayo - Visitar y cuidar a los enfermos:

«Dichoso el que cuida del pobre, en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor» (Sal 40,1)

La realidad del enfermo es una realidad que implica la consideración de toda su persona en el camino del sufrimiento. Es así en todas partes, en los mejores hospitales de Occidente, al igual que en las misiones que proporcionan asistencia sanitaria en todo el mundo, sobre todo en las regiones más pobres. Con su presencia el enfermo comunica un mensaje: pide ser acogido, comprendido y escuchado. Escuchar es tender el oído para escuchar. Prestar atención está estrechamente vinculado a la escucha. El hombre que presta atención al otro es hospitalario, está dispuesto a acoger una amistad, es sensible a las necesidades del otro. Su disponibilidad permite que el otro entre, si el espacio del hombre no está demasiado lleno de pensamientos. Se trata, pues, de eliminar todo lo que aleja de la escucha y esto conlleva renunciar a algo. Por tanto, los aspectos a tener en cuenta a la hora de acercarse al enfermo, cuando nos disponemos a visitarlo, son la escucha, hacer silencio dentro de sí, prestar atención, mostrar disponibilidad. Y todo esto debe ir acompañado de  ternura, como nos recordó el papa Francisco en la XXII Jornada mundial del enfermo: «Es preciso crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada, fijando la mirada en María, madre de Cristo y de todos los que sufren... Dentro de nuestro sufrimiento está el de Jesús, que lleva a nuestro lado el peso y revela su sentido. Cuando el Hijo de Dios fue crucificado, destruyó la soledad del sufrimiento e iluminó su oscuridad. De este modo, estamos frente al misterio del amor de Dios por nosotros, que nos infunde esperanza y valor: esperanza, porque en el plan de amor de Dios también la noche del dolor se abre a la luz pascual; y valor para hacer frente a toda adversidad en su compañía, unidos a él». La ternura hacia el enfermo es la ternura por Cristo que sufre en la cruz, que comparte el dolor del enfermo. El enfermo ante todo necesita amor, porque es pobre a causa de su condición. Es la enseñanza que nos transmite la parábola evangélica del Buen Samaritano (cfr. Lc 10).

«En las personas que están enfermas o sufren debemos ver a Jesús clavado en la cruz y no a un parásito o a un miembro improductivo» Santa Faustina Kowalska

 

Abril - Corregir al que yerra:

«Si tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre » (Ez 33, 8)

Caer en pecado no es algo que suceda sólo a los malos: todos caemos en pecado. Lo cuenta —con su vida— Paolo Zanni, que durante años fue drogadicto y traficante de drogas, y estuvo en la cárcel, en su cortometraje “Il grido” (El grito). A Paolo le salvó la misericordia de Dios y la obra de Chiara Amirante y la Comunidad “Nuovi Orizzonti” (Nuevos Horizontes). Como dijo el Santo Padre Francisco en la audiencia del 10 de septiembre de 2014, «todos tenemos la capacidad de pecar y de hacer lo mismo, de equivocarnos en la vida», pero «la misericordia supera todo muro, toda barrera, y te conduce a buscar siempre el rostro del hombre, de la persona. Y es la misericordia la que cambia el corazón y la vida, que puede regenerar a una persona y permitirle incorporarse de un modo nuevo en la sociedad». En el Nuevo Testamento Jesús instituye una verdadera praxis de la corrección fraterna en el seno de una comunidad de fieles: «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si nos les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano» (Mt 18,15-17). El fundamento de la corrección es la caridad. La caridad se aprende de Dios que se mueve hacia el hombre en primera persona. En efecto, en el libro del Génesis, se narra que Dios en persona va a ver qué está sucediendo en Sodoma y Gomorra. Al igual que Dios, el cristiano sale al encuentro del otro, no con presunción o superioridad, sino con el deseo de acompañarlo al encuentro con la persona de Cristo, que crea una humanidad nueva.

«Ante el pecado de quien ha caído, concédeme sentir compasión y no reprenderle con altanería, sino gemir y llorar; que derramando lágrimas por otro, llore por mí» San Ambrosio

 

Marzo - Consolar al triste:

“Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados” (Mt 5,4)

La tierra de Irak no logra alcanzar la paz. La inestabilidad política, la persecución religiosa, el terrorismo islamista del Daesh “afligen” a sus hombres y mujeres, minan su población en el cuerpo y en el alma. Esta situación afecta en particular a las comunidades cristianas, que han hallado refugio en la región autónoma de Kurdistán y en su capital Erbil.

Sin embargo, la esperanza del consuelo que viene de Dios ayuda a los hombres a permanecer firmes en la fe y a renacer en la caridad.

Consolar es la predisposición de ánimo a aliviar una pena dando de nuevo la alegría de la esperanza en Dios, que tiene el poder de socorrer, reconstruir a la persona y salvarla. Consolar significa “alentar” cerca y junto a otra persona, expresándole así comprensión, compasión y cercanía, y devolviéndole la vida. Dios, cuando crea al hombre, insufla su aliento en él y le da el espíritu de vida, del mismo modo que Jesús en la cruz inclina su cabeza y exhala su espíritu hacia su madre, Juan y todos aquellos que están a su alrededor. Infunde así su espíritu de consuelo sobre la Iglesia afligida. Son muchos los males de la tierra que generan aflicción: violencia, injusticia, opresión, como en su tiempo la esclavitud de Israel en Egipto. El pueblo de Israel, desalentado ante una condición aparentemente sin solución humana, grita buscando una respuesta divina de consuelo y aliento, y el “Dios de todo consuelo” escucha a su pueblo y lo salva.

El consuelo de Dios, pues, es comparable al principio de una nueva creación. Dios, consolando recrea, porque hace pasar de una situación de muerte a una de vida, de una situación de esclavitud a una de libertad.

“¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios!” 2 Cor 1, 3-4

El vídeo ilustra un proyecto en un campo de refugiados en Erbil, Kurdistán iraquí, coordinado por organismos caritativos católicos. Era posible verlo visitando el Pabellón de la Santa Sede en Expo Milán 2015.

 

FEBRERO - DAR DE BEBER AL SEDIENTO:

“Tuve sed, y me disteis de beber” (Mt 25, 35)

En 2030 se prevé que más de 3.000 millones de personas padezcan por falta de agua. Actualmente el agua es cada vez más un bien precioso, que a veces llega a ser motivo de guerras a fin de poseer o controlar las fuentes de las que brota. Quien padece sed, por tanto, a menudo tiene sed de agua para su cuerpo —como sucede en las regiones más pobres de la tierra, las del Sahel— pero también para su alma. El agua es imagen de la gracia divina y es signo de gratuidad. Desciende como un don del cielo sobre todos los hombres porque el Señor "manda la lluvia a justos e injustos" (Mt 5,45), contrariamente a cualquier expectativa humana. En su encuentro en el pozo de Jacob, Jesús revela a la samaritana que él mismo es el agua de la vida y promete un "surtidor de agua que salta hasta la vida eterna" (Jn 4,14). El que bebe de esta agua se convierte a su vez en un manantial para los demás.

Dar de beber al sediento es una obra de misericordia que Jesús pide a sus discípulos (cfr. Mc 9,41), que hay que cumplir no sólo físicamente, sino también espiritualmente: hacia todos aquellos que necesitan colmar la sed del cuerpo, y todos aquellos que están “sedientos” de amor, en los hospitales, las residencias de ancianos, las familias con hijos discapacitados o las que afrontan la prueba de la enfermedad y el sufrimiento. Cristo enseña a hacerse pan y agua para saciar el hambre y apagar la sed de todo ser humano. Así nace la Iglesia, según la imagen que usó el papa san Juan XXIII: "La Iglesia es como la antigua fuente del pueblo, que apaga la sed de las distintas generaciones. Nosotros cambiamos, la fuente permanece". Y apaga la sed de todos.

“¡Oh fuente de la vida, manantial de aguas vivas! ¿cuándo, dejando esta tierra desierta, descaminada y seca, llegaré a beber de vuestra dulzura y saciar mi sed con las aguas de vuestra  misericordia?” San Agustín

El vídeo muestra un proyecto en Burkina Faso, financiado por la Fundación Juan Pablo II para el Sahel, confiada a Cor Unum. Este vídeo se proyecto en el Pabellón de la Santa Sede de la Expo de Milán en 2015.

 

ENERO - DAR DE COMER AL HAMBRIENTO

“Tuve hambre, y me disteis de comer” (Mt 25, 35)

Hoy en día en el mundo, hay alrededor de 975 millones de personas que pasan hambre, es decir, que no comen o no comen suficientemente. Encontramos estas personas en todos los lugares de la Tierra, seguramente cerca de quienes comen en exceso. El mundo sigue teniendo hambre. Además del pan material, falta asimismo también el espiritual. Personas que han resuelto los problemas económicos de la vida pero no aquellos afectivos, psicológicos, de soledad, de abandono, etc. Para todos, Cristo dice de sí mismo: “Yo soy el pan de la vida”.

«El hambre ha alcanzado hoy en día las dimensiones de un verdadero “escándalo” que amenaza la vida y la dignidad de tantas personas – hombres, mujeres, niños y ancianos. Cada día tenemos que enfrentarnos con esta injusticia, me permito decir, con este pecado: en un mundo rico de recursos alimenticios, gracias al enorme progreso tecnológico, son muchos los que no tienen lo necesario para sobrevivir; y esto sucede no sólo en los países pobres, sino también en las sociedades ricas y desarrolladas... Jesús nos invita a abrir nuestro corazón a la urgencia de «dar de comer a los hambrientos», y la Iglesia ha hecho de esta llamada una de las obras de misericordia corporal. Compartir lo que tenemos con quienes no tienen la posibilidad de satisfacer una necesidad tan básica, nos educa a vivir una caridad que es un don lleno de pasión por la vida de los pobres que el Señor nos hace encontrar». (Papa Francisco, Audiencia a los participantes al encuentro promovido por la “Fondazione Banco Alimentare”, 3 de octubre de 2015 - nuestra traducción)

“Si no puedes dar de comer a cien personas, hazlo por lo menos con una”  Beata Teresa de Calcuta

El vídeo muestra un proyecto del "Banco de Alimentos Diakonia", en Ecuador, financiado por la Fundación Populorum Progressio, confiada a Cor Unum. Este vídeo se proyecto en el Pabellón de la Santa Sede de la Expo de Milán en 2015.